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Arthur

Técnico deportivo

Atrapado en un receso impertinente que se presumía como irascible y caducado, vigilaba con el rabillo de mi ojo izquierdo, siempre, la puerta de salida.

Hacia un calor insoportable y media cada minuto la cantidad de fuerzas que me quedaban para romper el estigma que yo mismo me había impuesto. Y aunque el resultado de mi análisis se mostraba insuficiente y menguante en cada Segundo que pasaba, decidí empujar la puerta con todas mis fuerzas, las que me quedaban. Y se inició un proceso de transformación infinito y que se retroalimentaba, notaba que la fuerza física disminuía cada día que pasaba. Pero tenía un plazo y aunque mi cuerpo me pedía pausa, mi cabeza me exigía seguir adelante.

Solo se puede entender mi mundo si os contase lo que ocurrió durante aquellos días de un calurosísismo mes de Agosto en Madrid. Solo si os cuento lo que ocurrió durante “AQUELLOS 23 DÍAS DE AGOSTO”. Y lo conseguí.